Desafortunadamente llegue algo tarde al evento, pero esto no impidió que pudiera disfrutar el sonido de “Doce de Cámara” (Asociación musical dependiente de la Asociación Filarmónica de Olavarría).
Para ser sincero, muy pocas veces he oído temas de Astor Piazzolla, pero el no conocer sus temas no era excusa para desaprovechar la oportunidad de escuchar en vivo y disfrutar del sonido de una orquesta, que ejecuto de forma impecable cada uno de los temas que figuraban en el programa del evento.
Era un ambiente un tanto fuera de lo común, si alguien tuvo la oportunidad alguna vez de ingresar en el salón del museo, se hubiera sorprendido tanto como yo al ver el lugar.
Brevemente voy a intentar describirlo en pocas palabras.
Imaginen un salón enorme, donde hay una columna en medio; justo en frente a sus ojos ven, a una orquesta, y detrás de ellos, las entradas a dos grandes hornos; algunos cuadros como parte de la decoración de la pared de ladrillos añejos; y entre ustedes y “Doce de Cámara” varias sillas ocupadas (en realidad todos los asientos estaban ocupados); todo esto con una iluminación muy baja, casi en penumbras.
De alguna forma parecía combinar con la música y lograba que uno se olvidara de la gente que lo rodeaba.
Algo que llamaba más la atención, era que no solo había mucha gente “adulta y mayor”, sino que también se encontraban jóvenes que quizás nunca oyeron música que no sea la que sale en radio o televisión.
Seamos sinceros, no era rock, era música clásica, era tango y quizás algún otro genero que no nos suele llamar la atención como jóvenes, pero… escuchar música en vivo tiene un efecto único en las personas y causa gran asombro no solo oírla, sino también ver como músicos locales e invitados de otras localidades ejecutan cada uno de sus instrumentos, facilitándonos de manera muy grata una entrada diferente al mundo de la música.







